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Perros inundados

El miedo.


Esa emoción que recorre nuestro cuerpo de pies a cabeza, altera y llena el estómago de incertidumbre. El miedo es parte de la vida, tanto humana como canina. Depende de nosotros entenderlo, aceptarlo y decidir si lo afrontamos.


Muchos de los casos de perros con miedo son por experiencias traumáticas vividas. Situaciones que no han podido ser procesadas por el perro, por lo que no han sido ni comprendidas ni aceptadas. Otros muchos casos se deben a etapas del desarrollo del perro que han sido sobre explotadas (una temprana y exagerada socialización por ejemplo) o incluso perros con una carencia total de estimulación (perros sin interacción social o ambiental).


Es importante entender que el miedo funciona de la misma manera en humanos que en perros. Nuestro cuerpo y mente reaccionan de la misma manera que el suyo ante situaciones de estrés. En muchos casos el miedo viene de la propia inseguridad del individuo y superar esto es un trabajo diario ambos. Para poder ser referente de calma para nuestro amidog debemos conocer de dónde viene el miedo y cómo y cuándo reacciona.


Como ya he dicho, una de las claves es conocer el pasado del perro, su etapa de cachorro nos dará muchas pistas sobre lo que pasa en el presente o incluso saber si ha tenido algún episodio traumático en sus años de vida. Pero hablemos del cómo.


Se conocen tres tipos de reacción.


La primera y mejor considerada es la huida. Es decir, si lo que me da miedo viene de frente lo evito, si está parado lo esquivo, si estoy metido en una situación que me da miedo me voy, salgo de ella. Y os preguntaréis... ¿Por qué huir? Bien, hablemos de Inundación.




Cuando algo nos da miedo y nos vemos forzados a "afrontarlo", pueden pasar dos cosas: que nos volvamos inmunes o que el miedo pase a ser pánico. Por ejemplo, si me dan miedo las arañas y me meten en una caja llena de tarántulas tengo dos posibilidades, entender que no pasa nada, aceptar que no me estoy muriendo y superarlo o que me de un infarto y quedarme ahí seco. Y ahora os pregunto yo... ¿Os gustaría que os forzaran o preferiríais decidirlo por vosotros mismos?


Aquí entra la parte humana del binomio perro-persona. Cuando un perro no es capaz de decidir por si mismo, porque va atado con correa o porque está emocionalmente ligado a vosotros (perros inseguros), nos toca a nosotros sacarle de esa situación y no obligarle a afrontarla de una manera brusca. El miedo debe ser presentado en una zona en la que nos sintamos seguros, poco a poco y siempre con posibilidad de irnos si así lo quisiéramos. A esto le llamamos Habituación.


El segundo tipo es por todos conocido aunque muchas veces mal interpretado.



En primer lugar debemos cerciorarnos de que la reactividad o mal llamada agresividad no es consecuencia de una enfermedad o dolor. Antes de llamar a un profesional de la conducta es imprescindible llamar a un veterinario y asegurarnos de que el estado de salud del perro es bueno.


La reactividad es una de los principales motivos por los que los humanos nos llaman. En la mayoría de los casos vemos que la sobreestimulación del perro en edades tempranas es la causa inicial de dicha agresividad. Agresividad que se agrava por un mal manejo de la correa y sobre todo por la ya mencionada Inundación. Perros forzados a mantenerse en situaciones de estrés que les venían grandes.


Lo principal en estas situaciones es dejar de forzar al perro. Ayudarle a gestionar mediante la correa y enseñándole que existe la posibilidad de salir de ahí, de irse. Si vuestro perro ha llegado a este punto os recomiendo que llaméis a un profesional que respete su tiempo y espacio y no le fuerce en ningún momento. ¿Por qué? Uno de los problemas de la reactividad es que si no sabemos como manejar al animal podemos llevarnos un mordisco, a esto le llamamos Agresividad Redirigida. Y no, no es porque esté enfadado con vosotros ni porque os tenga miedo. Es que en pleno subidón de adrenalina el perro puede no ser capaz de controlarse y un mal gesto, un tirón... pueden llevarle a agarrar lo que más cerca tenga, que seguramente, seáis vosotros. Lo mismo pasa cuando dos perros se enzarzan, el autocontrol es nulo, por lo que cuidado con meter la mano.


La tercera opción ante el miedo es, sin duda, la peor.




La indefensión es un estado de miedo llevado al límite.


Un caso leve de indefensión podemos verla muy a menudo en el veterinario, por ejemplo. Subimos al perro a la mesa para que el veterinario le ausculte y el perro se queda inmóvil, a veces incluso parece que evite respirar. Ir al veterinario es una necesidad, algo que hay que hacer le guste o no, pero podemos intentar que las visitas sean más agradables.


En casos muy graves el perro no reacciona, deja de comer, de beber, está apático... Podemos enfrentamos a su muerte. Esta situación la encontramos a menudo en perros que han sido abandonados, apartados de quién era su mundo y dejados a la intemperie, son llevados a perreras en las que suelen estar con otros perros con miedo, que a veces se atacan entre ellos, y humanos que no pueden prestarles toda la atención que merecen.


Creo que no es necesario decirlo, pero...


Los collares de castigo (eléctricos, de bocado, de ahogue...) no son herramientas que ayuden a superar miedos. En todo caso, y si el resultado es el esperado, llevan al perro a la indefensión. Es decir, llevan al perro a un estado de no-reacción, y en mi humilde opinión... Cuando una presa de agua tiene un agujero y lo tapas... El agua, tarde o temprano, sale con mucha más fuerza por otro lado. No son soluciones, son parches que, además, les hacen daño.




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