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Del paseo al Infierno

El paseo es para muchos, humanos y perros, uno de los momentos más frustrantes del día. Es bastante común ver perros tirando de la correa, humanos enfadados por el comportamiento de sus compañeros y un largo de etcéteras que convierten ese momento en un auténtico infierno.


Este momento, el paseo, debe ser un momento de aprendizaje, exploración y compañerismo para ambos.


¿Cómo?


En primer lugar, y parte muy importante, debemos buscar la calma y tranquilidad desde el momento antes de salir de casa. No tiene ningún sentido excitar al perro antes de salir y exigirle tranquilidad una vez estemos en la calle. Así que, se acabaron las fiestas antes de salir de casa.


Tenemos que tener bien claro que el paseo es, en esencia, un momento de recreo tanto para el perro como para el humano, es por esto por lo que es de suma importancia entender que las herramientas que usemos, collar/arnés y correa, son herramientas de comunicación y no de control. El perro necesita marcar con orín, oler a otros perros, oler la calle o el parque para trabajar sus habilidades sociales, explorar el entorno y así, sentirse seguro en él. Os recomiendo que uséis el arnés y, aunque la ley no permite correas de más de dos metros de largo, aconsejo correas de entre 4 y 5 metros para darle al perro la libertad que necesita sin necesidad de soltarlo y a poder ser, sobre todo en perros pequeños, que esa correa larga no sea extensible.


Sí, llevar una correa de 5 metros puede ser un absoluto caos en un principio, yo misma me quede atrapada entre una farola, un banco y un señor la primera vez. Pero os prometo que se le coge el truco muy rápido y que los dos vais a disfrutar muchísimo más del paseo. Además, una correa larga se puede acortar según la necesidad del momento, una correa corta nunca podrá alargarse.

Rocky en uno de sus primeros paseos con la correa de 5 metros.

He hablado ya de la necesidad de exploración del perro, necesidad que cubriremos en parte, con una correa larga y permitiéndole tomarse su tiempo para oler, mear y lo que haga falta.


Hablemos de compañerismo.


Son seres tan increíbles que llegamos a amarlos como si fueran nuestros propios hijos. Muchas veces llegan a nosotros siendo cachorros y eso hace que les veamos como niños durante toda su vida. Igual que pasa entre humanos, tendemos a sobreprotegerlos creando vínculos afectivos tóxicos, a anular su independencia y en mucho casos llegamos a convertirlos en inútiles que no podrían vivir sin nosotros.


El amor no es dependencia, el amor es compañerismo, respeto y cariño.


Que nuestro perro sea independiente no quiere decir que vaya a hacer las maletas y se vaya a ir de casa. No dejará de poneros ojitos para que le deis mimos ni dejará de dormir con vosotros. Simplemente, tendrá el autoestima y las capacidades de un ser adulto. Si respetamos su identidad e independencia, si confiamos en sus capacidades, él hará exactamente lo mismo con nosotros.

¿Cómo fomentar esa independencia? Bien, para mi esta es la parte más difícil: Dejándole hacer y cerrando la boca.


¡WHAT!


Dejadle oler, mear, acercarse a otros perros, humanos, bicis... Si quiere ir que vaya y si no quiere no le obliguéis. Y vosotros, humanos, la boquita cerrada. ¿Por qué? Os propongo un ejercicio muy sencillo. Quiero que contéis cuántas órdenes le dais al día y después de contarlas preguntaos cuántas de ellas son realmente necesarias. ¿Impresionante no?


Tenemos, me incluyo, la terrible necesidad de controlar cada uno de los movimientos que hace nuestro compañero. Ya sea por miedo a que le pase algo o por la necesidad de sentirnos seguidos.


Me siento identificada con el primer caso, el miedo. Me da pánico que a Ziur (mi compi) pudiera pasarle algo. Pero si he aprendido algo en este tiempo es que mi miedo no pesa más que su felicidad.

En el segundo caso... Os invito a leer el libro "Perros: Una nueva interpretación sobre su origen, comportamiento y evolución" de Raymond y Lorna Coppinger o incluso a googlear sobre la teoría de la dominancia. Una teoría anticuada basada en una necesidad humana.


Dicho esto, creo que ha quedado claro que el paseo debe ser tiempo compartido. Tiempo de respeto. Que los perros deben ser perros y que no debemos cargar en ellos nuestras frustraciones o necesidades.

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